Mario Benedetti: Entre letras y fútbol


Un día como hoy, cumpliría años quien es uno de los escritores más destacados de Latinoamérica y, por lo demás, fanático del fútbol.

Un 14 de septiembre del año 1920, nació en la localidad de Paso de los Toros, Uruguay, Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia (sus padres de origen italiano, lo bautizaron con cinco nombres familiares), o simplemente, Mario Benedetti. El uruguayo es uno de los literatos más influyentes de Sudamérica, tanto así que su obra más conocida, “La Tregua”, fue incluso llevada al cine y fue nominada a los Premios Oscar, en 1974. Las letras lo movían, era su mundo, pero también le dedicaba tiempo a otro asunto que lo apasionaba: El fútbol.

A diferencia de otros grandes escritores latinos, por ejemplo Jorge Luis Borges, que concebían al fútbol como una “estupidez” y que no podían explicar cómo acaparaba tanta popularidad, Benedetti por su lado era uno de los que admiraba el juego y cómo este influye en la vida sociocultural de quienes lo practican. Eso sí, en sus últimos años de vida, concedió una entrevista a el diario El País, en que criticaba la forma en que se desenvuelve la actividad en la actualidad, señalando que se ha desviado de su origen: “La clásica noción de juego sigue existiendo, pero sólo como condición subsidiaria. Ahora, la prioridad es desembozadamente mercantil. El jugador ha pasado a ser una pieza de consumo y de especulación. Sin embargo, adjudicar la responsabilidad de esta situación a las eventuales exigencias económicas del jugador es cerrar los ojos frente al problema. Lo abyecto es el régimen”. La globalización, según el autor, es uno de los males que han afectado a la actividad.

Su primer acercamiento con el fútbol, fue cuando este tenía 18 años: “Jugaba de portero en el barrio; entonces una vez cobraron penal y me lo tiraron. La pelota me pegó en la barriga y estuve desmayado un rato largo”. Quizás la cancha no era lo suyo, pero surgió desde ahí una conexión con la pelota que se la llevó hasta el final. Es que luego de tal fatídico suceso en cancha, las buenas noticias para el novelista llegaron. Fue testigo de los campeonatos olímpicos que su país ganó en 1924 y 1928, además de levantar la Copa del Mundo en 1930 y en 1950, con el recordado “Maracanazo”: “Gracias al fútbol nos hicimos conocidos en el mundo. La gente de otros lados no entendía cómo un país tan pequeño, que casi no sale en el mapa, era campeón. El fútbol le hizo bien a Uruguay. Le dio importancia y personalidad”, señalaba.

Mundo que conoció bien, ya que por motivo del Golpe de Estado en su país, debió salir al exilio en 1973. Recorrió Argentina, Perú, Cuba y  España, donde finalmente se radicó. En su obra “Andamios” (1996) publicó cómo el fútbol lo ayudó a sentirse un poco más a gusto fuera de su patria, alejado de Nacional, el club de su vida, relatando que “ya que nadie te informa de cómo van Peñarol o Nacional o Wanderers o Rampla Juniors, te vas convirtiendo paulatinamente en hincha del Zaragoza o del Albacete o del Tenerife, o de cualquier equipo en el que juegue un uruguayo o por lo menos algún argentino o mexicano o chileno o brasileño”.

El reconocido bigote de Mario Benedetti.

En sus obras también tuvo espacio para hablar del balón. En “Puntero Izquierdo” (1954), cuenta la vida de un joven con problemas económicos que juega para un club menor y en un partido frente a un equipo de renombre, éste es sobornado por el equipo contrario para que no anote aquel día. Finalmente, por circunstancias del juego no puede cumplir con lo pactado y recibe una golpiza que lo deja sin poder volver a practicar la actividad. También está “El Césped” (1980), que relata la historia de dos amigos que jugaban en equipos contrarios y que debían medirse en la próxima fecha. Martín jugaba de portero y tenía la posibilidad de partir a Europa, por lo que le pide a Benjamín que dispare al arco como siempre, ya que necesitaba lucirse. El día del partido, “Benja” saca un remate que se le pasa entre las piernas a su amigo. Humillación total y los sueños se alejaron. Tanto fue, que Martín terminó por suicidarse. Ambos relatos giran entorno al concepto futbolístico más conocido: El gol. Incluso Diego Maradona es homenajeado por el poeta, en “Tu tiempo es real” (2008).

Mario Benedetti fue uno de esos escritores que no subieron al olimpo. Se quedó en tierra y disfrutó del fútbol como cualquier otro:  “El fútbol ha interesado a todas las capas sociales, y es quizás el único nivel de nuestra vida ciudadana en que el acaudalado vicepresidente de directorio no tiene a mal hermanarse en el alarido con el paria social”. En su natalicio número 98, lo homenajeamos con dos de sus grandes pasiones, las letras y el fútbol.

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