Marco Van Basten, el mago de los tobillos de cristal


El legendario futbolista neerlandés tuvo una tan brillante como fugaz carrera

Un 31 de octubre como hoy, hace 55 años, nacía en la ciudad holandesa de Utrecht el ex delantero Marco Van Basten, considerado por muchos uno de los mejores jugadores que ha dado la historia del fútbol en su posición. Tras un breve paso por dos distintos clubes de su ciudad natal, se incorporó con 17 años a las filas del Ajax, donde tuvo su debut en un partido de liga sustituyendo nada menos que al histórico Johan Cruyff.

En sus seis temporadas con el cuadro de Amsterdam, el atacante conquistó a nivel local 3 Eredivisie y 3 Copas de Holanda, además de la Recopa de Europa 1987 marcando el solitario gol de la final ante el Lokomotive Leipzig alemán. Un año antes, el también 4 veces goleador de la Primera División neerlandesa consiguió la Bota de Oro como máximo goleador de Europa y anotó en la que sería su temporada de despedida, su gol más recordado vistiendo la camiseta del Ajax, con una acrobática ”chilena” contra el Den Bosch.

Llegaría entonces su gran salto al fútbol italiano, con el célebre Milan de Arrigo Sachi o ”de los holandeses”, donde compartió con sus compatriotas Ruud Gullit y Frank Rijkaard el camarín de uno de los mejores planteles en la historia rossoneri. En la capital de la moda, Van Basten aportó en la obtención de 3 Serie A, 2 Copas de Europa, otras 2 Supercopas de Europa y 2 Copas Intercontinentales. Además, fue distinguido allí con los 3 Balones de Oro (1988,1989 y 1992) que lo elevan, junto a Cruyff y Platini, como el mayor ganador del premio en su versión original.

Sin querer ser menos por su selección, con la cual registró 24 anotaciones en 58 partidos, el apodado Cisne de Utrecht levantó el único título oficial de La Naranja Mecánica, la Eurocopa 1988, siendo con 5 tantos el máximo artillero de aquel torneo y marcando decisivos goles para los tulipanes, primero frente a Alemania en semis y luego su recordada volea de la final contra la Unión Soviética.

Centrodelantero de gran altura, técnica y capacidad goleadora, sufrió sin embargo el karma de varios prodigiosos: las lesiones, que en su caso lo obligaron a jugar su último partido sin siquiera haber cumplido los 30 años, en la final de la Liga de Campeones 1992-93 que el Milan perdió ante el Marsella. Cuando anunció oficialmente su retiro dos años más tarde, La Gazzeta dello Sport representó el lamento de muchos simplemente titulando: ”¿Dónde encontraremos uno cómo él”?

 

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