La segunda final continental al hilo de Cobreloa


Un día como hoy, el conjunto de Calama caía por un gol a cero ante Peñarol, quedándose por segundo año consecutivo con las manos vacías.

Los clubes del fútbol chileno dieron de qué hablar en la década de los 80 en el plano internacional. Uno de los más destacados fue Cobreloa, que había sido fundado solo cinco años atrás en la ciudad minera de Calama y en un muy corto plazo logró su primer título de Primera División y alcanzar el subcampeonato de la Copa Libertadores de 1981, instancia en que los loínos cayeron ante Flamengo.

Wirth, Tabilo, Eduardo Gómez, Soto, Escobar, Alarcón, Merello, Puebla, Olivera, Siviero, Rubén Gómez, Letelier y Rubio: los encargados de entregar ilusión a todo el pueblo minero.

Un día como hoy, pero en 1982, los “Zorros del Desierto” disputaron la final de vuelta de la Copa Libertadores en un Estadio Nacional a tope con más de 70 mil personas. Se trataba de la segunda definición continental consecutiva de los dirigidos por el trasandino Vicente Cantatore.

El conjunto loíno venía con varios jugadores que buscaban su revancha luego de haber perdido el año anterior ante Flamengo.  En su camino a la final, Cobreloa había eliminado a Colo-Colo, Barcelona de Ecuador y Liga de Quito, para posteriormente dejar en el camino a Olimpia y Tolima antes de disputar la gran final ante Peñarol.

En el encuentro de ida, los de Calama rescataron un empate sin goles en el Centenario, pero por otra parte, a los uruguayos les sentaba bien jugar en el Estadio Nacional de Chile.

Peñarol ya había salido campeón en Chile: en 1966, ante River Plate. Años después, volverían a repetir la hazaña ante Cobreloa (1982) y América de Cali (1987).

El encuentro de vuelta prometía una batalla de táctica y juego. La balanza se emparejó, pero un error defensivo de la retaguardia loína hizo que Fernando Morena lograra batir al portero Wirth al minuto 89, dejando al Estadio Nacional enmudecido y, nuevamente, a Cobreloa con las manos vacías.

Si bien, el cuadro loíno no logró bajar su primera estrella continental, su hinchada se preocupa de mantener el recuerdo vivo, y se representa en un lienzo de la parcialidad loina: “No somos grandes, somos gigantes”.  

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