La ”maldición” del Balón de Oro


Desde su primera entrega, el tradicional premio ha estado asociado a una negativa coincidencia

Instaurado en 1956 por el semanario deportivo France Football, el Balón de Oro ha sido desde entonces el galardón individual por excelencia dentro del mundo del fútbol. Con múltiples transformaciones desde su creación, tales como el hecho de que originalmente solo podía ser entregado a jugadores europeos o su temporal fusión (2009-2016) con otro gran premio futbolístico, el del Jugador Mundial de la FIFA, un hecho que sí se ha mantenido invariable es el de que ninguno de sus ganadores ha podido celebrar en el Mundial del año siguiente.

Si bien para los escépticos podría ser un dato sin demasiado encanto, de los 16 casos hasta la fecha hay al menos dos para destacar. El primero es el del italiano Roberto Baggio, quien alzó el único Balón de Oro de su carrera en 1993. Un año más tarde, el delantero no solo caería en la final del Mundial de Estados Unidos ’94, sino que además tuvo la desgracia de errar el penal definitivo en la definición frente a Brasil.

Consecutivamente, podemos recordar el caso de Ronaldo Nazario en Francia 1998. Líder y goleador de aquel Brasil que asomaba como principal favorito para quedarse con su quinta Copa del Mundo, el Fenómeno sufrió de misteriosos malestares en la previa de la final que le impidieron rendir a su mejor nivel, contagiando al resto de su selección que fue completamente superada por el conjunto local.

El italiano Gianni Rivera (Balón de Oro en 1969 y subcampeón en México 1970), Johan Cruyff y Karl Heinz Rummenigge, respectivamente premiados en 1973 y 1981 antes de perder las finales mundialistas en Alemania 1974 y España 1982, son otras de las figuras que completan este particular listado.

Michel Platini, tres veces ganador del Balón de Oro, también fue víctima de la maldición en México ’86

 

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