La consagración de Europa del Este


El Steua Bucarest fue el primer club rumano en ganar la Copa de Europa.

El 7 de mayo del 86 se escribe uno de los batacazos más grandes en la historia del Fútbol Club Barcelona. Aquella noche en el Sánchez Pizjuán de Sevilla, el modesto Steaua Bucarest le arrebataba de las manos la “Champions” en una tanda de penales para el olvido en el equipo de cataluña.

Duckadam, Pițurcă y el DT Emerich Jenei, fueron algunos de los nombres que se convirtieron en leyenda en aquella campaña europea.

La competición que estuvo marcada por la ausencia de los equipos ingleses, producto de la sanción que trajo consigo la Tragedia de Heysel, comenzaría de la mejor manera para el cuadro rumano, quien arrancó barriendo con el Vejle de Dinamarca por 5-2. En las siguientes rondas, con algo de fortuna en las llaves, se topó con rivales asequibles, siendo quizás el más complejo el Anderlecht (que venía de derrotar al Bayern Munich en cuartos de final), a quienes se impusieron sin problemas en las semis antes de viajar hasta España para disputar la final ante Barcelona, que había dejado en el camino a Porto, Juventus y el equipo sensación del momento, el Göteborg de Suecia.

Barcelona era capitaneado por el consagrado Bernd Schuster.

En una época en la cual para el ciudadano de los países del bloque socialista, era muy complejo poder atravesar la Cortina de Hierro, el coloso sevillano se encontraba plagado de hinchas barcelonistas, que apostaban ver una victoria segura del cuadro que alineaba a grandes figuras como Bernd Schuster, Marcos Alonso, Javier Urruticoechea, entre otros. El Steaua por su parte, apostaba más bien a desarticular el buen juego de los catalanes y casi en forma de plegaria, pedir que Victor Pițurcă pudiese encajarle alguna al laureado meta del Barça.

El delantero rumano Pițurcă, llegaba a la final con 5 goles a su haber.

Tras 120 minutos de encuentro, la suerte del próximo campeón se decidiría desde los 12 pasos. Fue en esa instancia donde el nombre de Helmuth Duckadam se hizo inmortal para la fanaticada rumana y pesadilla hasta el día de hoy para el pueblo barcelonista. Tras los fallos de dos de sus compañeros (Majaru y Bölöni) en los primeros dos penales, contuvo arrojándose hacia la derecha en los disparos de José Alexandro y Ángel Pedraza. En el tercer tiro, el Steaua se ponía adelante con el gol de Marius Lăcătuş, para luego sumar una nueva atajada del golero Duckadam, esta vez a Pichi Alonso, quien volvía a rematar a la diestra del cancerbero. Gavril Balint hizo “la pega” convirtiendo y dejó el destino de la tanda en los pies de Marcos Alonso. El español eligió cambiar el palo de sus compañeros pateando hacia la izquierda, pero el arquero rumano sencillamente estaba inspirado y gracias a sus manos, los de Bucarest pudieron bajar su primera estrella continental.

Cuando vino la hora de alzar la Orejona, para la anécdota quedará la imagen de un Sánchez Pizjuán casi vacío, con sólo un puñado de personas que se quedó a presenciar el festejo del club de Rumania.

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